- Mientras el crecimiento económico de México se ajusta a la baja y Donald Trump desacredita el tratado comercial, el gobierno de Claudia Sheinbaum apuesta por una revisión ordenada del T-MEC. El problema no está sólo en Washington, sino en la fragilidad con la que México llega a la mesa de negociación.
La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) se aproxima en un contexto desfavorable para México. No sólo por el discurso abiertamente confrontacional de Donald Trump, quien ha calificado el acuerdo como “irrelevante”, sino por la debilidad económica interna que limita la capacidad real del país para negociar desde una posición de fortaleza.
Ernesto Madrid
El Banco Mundial recortó recientemente su previsión de crecimiento para la economía mexicana a 1.3% en 2026 y 1.8% en 2027, una señal clara de que la incertidumbre comercial y política ya está pasando factura. El organismo advierte que la desaceleración responde, en buena medida, a la volatilidad en las reglas del comercio internacional y a un entorno geopolítico cada vez más hostil.
Ese ajuste coincide con la narrativa de Trump, quien ha insistido en que Estados Unidos debe repatriar su producción industrial —especialmente la automotriz— y reducir su dependencia de socios comerciales. Declarar “irrelevante” al T-MEC no es una ocurrencia: es una estrategia para debilitar el marco del acuerdo antes de renegociarlo bajo condiciones más favorables para Washington.
Desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum ha optado por un tono distinto. Ha reiterado que el tratado sigue siendo benéfico para las tres economías y que la revisión puede concluir de manera positiva. Sin embargo, el reconocimiento del primer ministro canadiense, Mark Carney, sobre la existencia de decenas de demandas estadounidenses —varias enfocadas en México— deja claro que el proceso será todo menos terso.
El principal problema de México no está únicamente en el discurso de Trump, sino en sus propias vulnerabilidades estructurales. La situación financiera de Pemex es uno de los flancos más expuestos. La empresa arrastra pérdidas significativas, una deuda superior a los 100 mil millones de dólares y una estrategia de refinación que, según especialistas, resulta más costosa que la importación de combustibles.
La refinería de Dos Bocas, presentada como emblema de soberanía energética, continúa operando por debajo de sus metas originales. A ello se suma un entorno fiscal presionado, rescates recurrentes y una limitada capacidad para atraer inversión privada, factores que reducen el margen de maniobra del Estado mexicano.
Con una economía creciendo por debajo de su potencial y una empresa petrolera estatal financieramente asfixiada, México llega a la revisión del T-MEC con más interrogantes que certezas.
Descalificar acuerdos para luego renegociarlos es una práctica conocida de Trump. Al minimizar la relevancia del tratado, busca colocarse como el actor que decide su futuro, incorporando exigencias que trascienden lo comercial y se extienden a temas como migración, seguridad y política industrial.
Paradójicamente, el T-MEC está lejos de ser irrelevante para Estados Unidos. México y Canadá concentran cerca del 28% del comercio total estadounidense, y alrededor del 90% de ese intercambio se realiza bajo las reglas del tratado. Más que un acuerdo accesorio, es la columna vertebral de las cadenas productivas norteamericanas.
La propia presidenta Sheinbaum lo ha reconocido al señalar que los principales defensores del T-MEC son los empresarios estadounidenses, conscientes de la profunda integración económica regional.
La mandataria ha evitado escalar el debate público con Trump, pero confirmó que buscará retomar el diálogo bilateral tras el 20 de enero, con la intención de avanzar en una reunión directa y dar seguimiento a los temas pendientes.
¿México está listo?
La revisión del T-MEC no será un ejercicio técnico, sino una negociación política de alto riesgo. Para México, el desafío no es sólo preservar el tratado, sino hacerlo desde una posición económica más sólida y con una estrategia clara que entienda que la presión es parte del método, no una señal automática de ruptura.
El T-MEC sigue siendo esencial. Lo irrelevante sería pensar que las palabras de Trump son casuales. Son, en realidad, el primer golpe de una negociación que buscará redefinir los equilibrios en América del Norte.
@JErnestoMadrid
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