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Carlos Roberto Matty
- Sonora
Las celebraciones de fin de año representan uno de los periodos de mayor presión para la salud digestiva de la población. Cenas abundantes, consumo elevado de alcohol, cambios en los horarios de comida y mayores niveles de estrés conforman un escenario que, de acuerdo con la Asociación Mexicana de Gastroenterología (AMG), se traduce en un incremento significativo de casos de gastritis, reflujo, malestar abdominal y descompensación de enfermedades gastrointestinales previamente controladas.
Ernesto Madrid
Especialistas de la AMG advierten que diciembre es, consistentemente, uno de los meses con mayor incidencia de consultas por padecimientos digestivos, muchos de los cuales podrían prevenirse con medidas básicas de cuidado y atención oportuna. En este contexto, la asociación comparte cinco consideraciones fundamentales para disfrutar las fiestas sin poner en riesgo la salud gástrica.
En México, siete de cada diez personas están infectadas con H. pylori, bacteria asociada al 90% de los casos de cáncer gástrico, según datos epidemiológicos. De acuerdo con el INEGI, los tumores malignos de estómago afectan principalmente a hombres de entre 30 y 59 años, con una incidencia relevante a nivel nacional.
Actualmente, existen nuevas alternativas terapéuticas para el control del exceso de ácido gástrico, como los bloqueadores competitivos de potasio (PCAB), una generación de medicamentos con inicio de acción más rápido y mejores resultados en el tratamiento de gastritis, reflujo y como apoyo en el manejo de H. pylori.
“La prevención, el diagnóstico oportuno y preciso, así como el acceso a tratamientos innovadores cuando se requieren, son fundamentales para mantener un estómago sano”, señala la Asociación Mexicana de Gastroenterología, que hace un llamado a la población a escuchar su cuerpo, evitar la automedicación y acudir con especialistas certificados ante cualquier molestia persistente.
Disfrutar las fiestas es importante; hacerlo con responsabilidad y atención a la salud digestiva, indispensable.
@JErnestoMadrid
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La inflación en México dio un respiro inesperado al cierre del año. Durante la primera quincena de diciembre, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró una variación de apenas 0.17%, muy por debajo de lo anticipado por los analistas y del promedio histórico para este periodo, lo que permitió que la inflación anual descendiera a 3.72%, desde el 3.99% observado quince días antes.
Ernesto Madrid
De acuerdo con el análisis de Banamex Estudios Económicos, la sorpresa a la baja se explicó principalmente por menores aumentos en servicios turísticos, precios más contenidos en mercancías no alimenticias y una caída más pronunciada en los precios agropecuarios. En términos simples: viajar, algunos productos de consumo y ciertos alimentos subieron menos de lo previsto, lo que ayudó a moderar el impacto general en el bolsillo de los hogares.
Este comportamiento también se reflejó en la inflación subyacente —que excluye los precios más volátiles—, la cual se ubicó en 0.31% quincenal y 4.34% anual, mostrando una desaceleración tanto en mercancías como en servicios. Con estos datos, Banamex ajustó su estimación para todo diciembre, proyectando una inflación general de 3.8% y una subyacente de 4.3%, ambas por debajo de cálculos previos.
Sin embargo, el mensaje de los especialistas es claro: la baja podría ser pasajera. Banamex advierte que la trayectoria descendente se interrumpiría a partir de enero de 2026, cuando comiencen a reflejarse los efectos de incrementos en impuestos y aranceles, los cuales presionarían principalmente el componente de mercancías.
A esto se suma un factor clave: los costos laborales. Aunque la inflación de servicios ha comenzado a ceder, todavía se mantiene por encima de su promedio histórico, impulsada por el aumento acumulado de salarios y la continuidad de la política de incrementos significativos al salario mínimo, que para el próximo año se estima en 13%. La moderación, explican los analistas, dependerá de que la creación de empleo se mantenga contenida y de que los aumentos salariales reales no se aceleren más de lo previsto.
Del lado positivo, algunas fuerzas juegan a favor de la estabilidad de precios. La apreciación del peso, la baja inflación de precios al productor y la debilidad del crecimiento económico ayudarían a amortiguar las presiones inflacionarias a lo largo de 2026. En este contexto, Banamex estima que la inflación general podría ubicarse alrededor de 4.5% en el primer trimestre del año, para luego retomar una tendencia gradual a la baja y cerrar 2026 en 4.2%, con la subyacente en 4.1%.
El tipo de cambio ha sido un aliado reciente. En las últimas sesiones, el peso mexicano se ha fortalecido frente al dólar, ubicándose alrededor de 17.93 pesos por dólar, impulsado por el retroceso del billete verde y datos económicos locales favorables. Este movimiento ayuda a contener los precios de productos importados, aunque no elimina los riesgos.
Entre las principales amenazas al alza, Banamex identifica un mayor traspaso de impuestos y salarios a precios, así como choques climáticos que encarezcan los productos agropecuarios. En contraste, una economía más débil de lo esperado o mejores condiciones agrícolas podrían seguir moderando la inflación.
En resumen, la inflación dio una buena noticia al cierre de 2025, pero los especialistas coinciden en que no se trata de una victoria definitiva. El descenso es real, pero frágil, y el verdadero reto será evitar que el repunte previsto para 2026 vuelva a erosionar el poder adquisitivo de las familias mexicana
@JErnestoMadrid
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La actividad económica en México mostró un repunte relevante en octubre, luego de la fuerte caída registrada en septiembre. El Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) creció 1.0% mensual, por encima de lo anticipado por el mercado y de la estimación oportuna del INEGI. Sin embargo, el dato positivo no modifica el diagnóstico central: el crecimiento sigue siendo frágil y no alcanza para consolidar una recuperación sostenida hacia el cierre del año.
Ernesto Madrid
El avance de octubre respondió a un crecimiento generalizado de los sectores productivos. El sector agropecuario aumentó 1.4% mensual, los servicios avanzaron 1.2% y la producción industrial creció 0.7%, impulsada principalmente por la construcción y los servicios básicos, aunque las manufacturas volvieron a retroceder. En términos anuales y sin ajuste estacional, el IGAE creció 1.7%, acelerándose frente al 0.7% observado en septiembre.
Pese a este mejor desempeño mensual, el balance acumulado del año sigue siendo débil. Entre enero y octubre, la actividad económica apenas creció 0.2% anual, muy por debajo del 1.6% registrado en el mismo periodo de 2024. Este bajo dinamismo confirma que la economía mexicana continúa en una fase de atonía, con avances puntuales pero sin una tendencia sólida de expansión.
Los analistas señalan que el repunte de octubre luce más como una corrección técnica tras la caída previa que como el inicio de un ciclo de crecimiento robusto. De hecho, los indicadores disponibles para noviembre y diciembre apuntan a una nueva desaceleración, particularmente en la industria, mientras que los servicios muestran solo una recuperación gradual.
En este contexto, se estima que el Producto Interno Bruto (PIB) crecerá apenas 0.2% trimestral en el cuarto trimestre de 2025. Para el cierre del año, los especialistas mantienen su previsión de un crecimiento anual de apenas 0.2%, con lo que la economía mexicana acumularía tres años consecutivos con tasas por debajo de su promedio histórico de 2.0%.
Hacia 2026 se anticipa una recuperación moderada, con un crecimiento proyectado de 1.5%, apoyado en un mayor ejercicio del gasto público, una eventual mejora del entorno externo y una recuperación gradual del empleo y la inversión. No obstante, el escenario sigue rodeado de riesgos, entre ellos una desaceleración más profunda en Estados Unidos, la debilidad del sector petrolero y la incertidumbre asociada a la revisión del T-MEC.
En suma, aunque octubre dejó una señal positiva, el mensaje de fondo no cambia: la economía crece, pero lo hace demasiado poco para hablar de una recuperación firme. El repunte existe, pero aún no alcanza.
@JErnestoMadrid
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La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo reiteró que la postura de México frente al conflicto entre Estados Unidos y Venezuela es clara y categórica: “no a la intervención”. La declaración se produce a un día en que el presidente estadounidense Donald Trump reconoció públicamente que una guerra contra Venezuela “no está descartada”, al confirmar que mantiene sobre la mesa una escalada militar y nuevas incautaciones de petroleros venezolanos.
Ernesto Madrid
“No lo descarto, no”, respondió Trump en una entrevista telefónica con NBC News al ser cuestionado sobre una posible guerra. Añadió que habrá más aseguramientos de embarcaciones y lanzó una advertencia directa: “Depende. Si son tan insensatos como para seguir navegando, navegarán a uno de nuestros puertos”. El mensaje no solo endurece la presión sobre Caracas, sino que redefine el uso de la fuerza como una herramienta legítima de política exterior bajo la narrativa de seguridad nacional.
En ese contexto, Sheinbaum no solo defendió el principio reiterado de no intervención, sino que en días recientes admitió que en México sí se produce fentanilo, aunque subrayó que se trata de una sustancia con usos médicos regulados. Al mismo tiempo, rechazó de manera tajante cualquier forma de intrusión de Estados Unidos en territorio nacional, incluso bajo el argumento del combate al narcotráfico.
Sin embargo, el paralelismo es incómodo: tanto México como Venezuela recurren a la defensa de la soberanía como un escudo político frente a señalamientos internacionales sobre la producción y el tráfico de drogas. En ambos casos, el discurso nacionalista desplaza el debate central: la responsabilidad del Estado en permitir que economías criminales operen y se expandan dentro de sus fronteras.
De acuerdo con un informe de seguridad presentado en diciembre de 2025, el gobierno mexicano ha desmantelado alrededor de 1,700 laboratorios clandestinos, varios de ellos destinados específicamente a la producción de fentanilo. En el mismo periodo se han incautado más de 4 millones de pastillas y asegurado más de mil kilogramos de esta droga. Un decomiso histórico en Sinaloa concentró por sí solo el equivalente a más de 20 millones de dosis, con un valor estimado de 8 mil millones de pesos, aunque la autoridad no precisó si la totalidad correspondía a pastillas.
El reconocimiento oficial de la producción de fentanilo contrasta con la gravedad del impacto internacional de esta sustancia y con el giro radical del discurso de Trump, quien ha anunciado su intención de clasificarla como “arma de destrucción masiva”. Bajo la doctrina de seguridad nacional de Estados Unidos, esta etiqueta abriría la puerta a acciones extraterritoriales directas contra los cárteles, una posibilidad que el gobierno mexicano rechaza anticipadamente, refugiándose en el principio de no intervención.
Durante una conferencia de prensa, Sheinbaum afirmó que existe cooperación bilateral en materia de seguridad y combate al tráfico de drogas, pero dejó claro que “nunca la violación a nuestra soberanía”. El problema es que la reiteración del argumento soberanista termina por diluir la discusión de fondo: la incapacidad del Estado mexicano para frenar la producción y exportación de drogas sintéticas que alimentan una crisis de salud pública y seguridad en Estados Unidos y más allá.
En paralelo, México y Estados Unidos alcanzaron un acuerdo para reforzar la cooperación contra el uso de drones por parte del crimen organizado, una modalidad que ha escalado en los últimos meses y que ya se emplea para ataques armados y explosivos. La presidenta subrayó que el acuerdo respeta plenamente la soberanía nacional, aun cuando fue Washington quien colocó el tema como una amenaza prioritaria.
El discurso oficial omite, sin embargo, un punto clave: en México, el uso de explosivos, drones armados y vehículos bomba puede configurar delitos de terrorismo, conforme al Artículo 139 del Código Penal Federal. Este marco jurídico adquiere relevancia tras los hechos registrados en Coahuayana, Michoacán, donde un vehículo cargado con explosivos fue detonado frente a instalaciones de la Policía Comunitaria, evidenciando la convergencia entre narcotráfico, violencia armada y tácticas propias del terrorismo.
Pese a ello, el gobierno federal insiste en encuadrar el fenómeno exclusivamente como crimen organizado y problema de salud pública, evitando reconocer que la producción de drogas sintéticas se ha convertido también en un instrumento de terror, control territorial y presión internacional. Esta narrativa guarda similitudes con la del régimen venezolano, que durante años ha utilizado la soberanía para negar o minimizar su papel en el tráfico internacional de drogas.
El contraste se agudiza frente al discurso de Trump, quien ha calificado a los cárteles como “enemigos de Estados Unidos” y ha anticipado una estrategia de confrontación directa, incluso con operaciones terrestres. Mientras Washington avanza hacia una lógica de guerra —primero discursiva, luego operativa—, el gobierno mexicano se aferra a una retórica soberanista que no ha logrado contener ni la producción de fentanilo ni la violencia que la rodea.
En ese choque de narrativas, la soberanía corre el riesgo de convertirse en coartada política. Defenderla no puede significar tolerar la producción de drogas ni evadir la responsabilidad internacional frente a fenómenos que ya no solo generan criminalidad, sino que reproducen dinámicas propias del terrorismo y de la guerra irregular.
@JErnestoMadrid
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Con la salida de Alex Tonatiuh Márquez Hernández ya oficializada, el foco se desplaza de la decisión administrativa a los motivos políticos que la precipitaron. En el centro del nuevo contexto aparece la presión del ala dura de Morena, particularmente sensible a cualquier señal que comprometa el discurso anticorrupción heredado del lopezobradorismo y, sobre todo, a los vínculos personales en la cúspide del poder aduanero.
Ernesto Madrid
La remoción del exdirector de Investigación Aduanera ocurre bajo la conducción de Rafael Marín Mollinedo, titular de la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM), un perfil con peso propio dentro del movimiento. Marín Mollinedo no solo es un operador histórico del proyecto de la llamada Cuarta Transformación, sino que su entorno familiar lo conecta directamente con Andrés Manuel López Obrador: es hermano de Nicolás Mollinedo Bastar, “Nico”, exchofer y colaborador cercano del expresidente durante años.
Ese parentesco, que durante el sexenio pasado fue visto como una credencial de lealtad política, hoy se convierte en un flanco de vulnerabilidad. Dentro de Morena, particularmente entre los grupos más duros, existe una creciente incomodidad por los señalamientos que han rodeado a figuras del primer círculo lopezobradorista, en especial aquellos vinculados a proyectos estratégicos del sureste y a la posesión o adquisición de terrenos en zonas de alto interés público.
En ese contexto, la permanencia de Márquez en un área tan sensible como la Investigación Aduanera se volvió políticamente insostenible. No solo por las investigaciones periodísticas sobre su patrimonio y estilo de vida, sino porque su continuidad amenazaba con escalar el costo político hacia la propia jefatura de Aduanas y, por extensión, hacia un apellido históricamente ligado a López Obrador.
Fuentes políticas consultadas señalan que la presión no provino únicamente del escrutinio mediático, sino de sectores internos de Morena que buscan enviar una señal clara al nuevo gobierno: no habrá margen para proteger perfiles cuestionados, especialmente cuando se trata de áreas clave en la recaudación, el combate al contrabando y la relación con Estados Unidos.
La cancelación de la visa estadounidense de Márquez, aun sin explicación pública detallada, terminó por detonar las alarmas. Para el ala dura del partido, el riesgo no era solo jurídico, sino simbólico: un funcionario estratégico bajo sospecha internacional, operando en una institución encabezada por un hombre con lazos directos con el expresidente, representaba una narrativa explosiva.
Así, la salida de Márquez funciona como un movimiento de contención. Un mensaje hacia dentro y fuera de Morena de que la nueva administración no está dispuesta a cargar con pasivos políticos heredados, incluso si eso implica golpear estructuras construidas al amparo del lopezobradorismo.
En el fondo, el episodio revela algo más profundo: la disputa interna por redefinir los límites de poder y protección en Morena tras el fin del sexenio de AMLO. Aduanas, por su peso estratégico y por los nombres que la rodean, se ha convertido en uno más de los campos de prueba.
@JErnestoMadrid
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El reporte Aborto La Realidad no Contada, elaborado por el equipo de investigación de la plataforma UNNA, revela todos los tipos de violencia que se cometen ligadas a ese delito.
Derogar el delito de aborto desprotege a la mujer embarazada y su hija o hijo por nacer.
*La comisión de este delito no criminaliza a la mujer. La mayoría de los presos por el delito de aborto son hombres, cita el estudio.
La violencia estructural en prácticamente todas sus modalidades concurre en el delito de aborto forzado, y van desde el abuso sexual infantil, violencia física, psicológica, económica, emocional, coacción, chantaje, trata y hasta feminicidio, alertó Paulina Hernández Torruco, abogada y vocera de UNNA, la plataforma especializada en la agenda de protección a la mujer embarazada.
Impunidad y más violencia hacia la mujer, en especial hacia la que es forzada a acabar con la vida de su hijo que lleva en el vientre, es la consecuencia lógica si se elimina de los códigos penales el delito de aborto, explicó la especialista en Derecho, y agregó que la naturaleza de la configuración de ese tipo penal es, ha sido y debe ser la protección de la vida de la mujer embarazada y de sus hijas o hijos por nacer.
Hernández Torruco dio a conocer el Reporte de UNNA Aborto. La Realidad no contada, documento en el que se hace un amplio desglose de las cifras de aborto en México, estado por estado, en donde se revela una gran conclusión: La gran mayoría de personas procesados por el delito de aborto en México son hombres, no mujeres, lo que evidencia que el tipo penal del delito de aborto es un instrumento jurídico vigente para la protección hacia la mujer.
De acuerdo con la información del Reporte, agregó, hoy se tiene la certeza de que las mujeres que están procesadas por el delito de aborto, que no son más allá de seis, están presas no porque se hayan auto procurado una borto, sino porque ayudaron o formaron parte de una coacción para que a otra mujer se le cometiera aborto o porque participaron en otros delitos incluidos el de aborto.
En entrevista, la especialista en Derecho y vocera de UNNA citó un caso ocurrido en el estado de Guanajuato, en donde un adulto abusó de una menor y al enterarse de que estaba en un embarazo avanzado la obligó a consumir pastillas para abortar. Contra su voluntad y mediante violencia física y emocional, la menor de edad abortó, sin embargo, la madre de ella se percató de los acontecimientos y denuncio al violentador, quien fue procesado y sentenciado a diez años de cárcel y ocho meses.
Por otra parte, explicó que en el país no hay mujeres presas por abortar, la mayoría de las personas procesadas y sentenciadas son hombres. Esos datos son oficiales, provienen de todas las fiscalías del país y de otras instituciones municipales y locales encargadas de la procuración de justicia. Las cifras son reales, no hay sesgo ni ideología, dijo.
Derogar de los Códigos Penales el delito de aborto, como lo plantean organizaciones, dejará desprotegida a la mujer embarazada y su hija o hijo por nacer, dijo la especialista.
Paulina Hernández Torruco expresó que la mayoría de las mujeres que acaban con la vida por su hija o hijo por nacer son víctimas de aborto forzado mediante prácticas violentas y otros actos constitutivos de delitos.
“El aborto forzado esconde una serie de hechos de violencia en contra de las mujeres embarazadas, tanto adolescentes como adultas como violencia sexual, trata de personas, abuso sexual, maltrato, abandono, lesiones, violencia de género
El reporte, elaborado por abogados y especialistas de UNNA arrojó que en muchos casos las mujeres son obligadas a la ingesta de pastillas para terminar con la vida desde el vientre materno.
En ese sentido negó que el delito de aborto criminalice a la mujer; por el contrario, eliminar de los códigos penales de los estados este delito alimenta la impunidad de esos hechos en contra de la seguridad y la protección de las mujeres embarazadas y de sus hijas e hijos por nacer.
Entre otras conclusiones del reporte: “Aborto: La realidad no contada”, también está que sería “inviable” dejar impune este delito ya que dejaría a las mujeres en estado de indefensión y abriría la puerta a más agresiones sin consecuencias legales, además de que conforme a la ley el bien jurídico protegido no es solo la vida en gestación, sino también la integridad de la mujer, víctima de violencia, abuso y sometimiento.
Además, la revelación de que la mayoría de las personas presas son hombres revela de manera irrefutable la mujer embarazada y su bebé en gestación enfrentan una realidad social grave pero contundente por la existencia de violencia, abuso y coacción para terminar con la vida humana desde el vientre materno.
Como ejemplo, citó un caso en Colima en 2012, cuando una mujer conducía su vehículo particular en segundo grado de ebriedad y, primero colisionó contra un vehículo que se encontraba estacionado y, en su intento por darse a la fuga, continuó conduciendo a exceso de velocidad.
Poco después, al no percatarse de un reductor de velocidad, perdió el control de su automóvil y se impactó violentamente contra el costado de un taxi con una pareja a bordo, estando la mujer embarazada, que por el impacto sufrió lesiones mientras que su bebé en gestación falleció. Ahí quedó configurado el delito de aborto en contra de la mujer responsable del accidente automovilístico.
Respecto a cifras, Hernández Torruco precisó que al menos 841 carpetas de investigación fueron abiertas en 2024 y otras 370 en 2025 por el delito de aborto forzado, mientras que actualmente hay 71 hombres encarcelados y solo 7 mujeres por haber cometido dicho acto.
Comentó que sólo Durango y Tlaxcala son las entidades donde no se ha registrado ninguna denuncia de aborto forzado, esto debido a que son zonas donde todavía hay una valoración más integral de la vida.
La afirmación de la presidenta Claudia Sheinbaum de que el peso mexicano se mantiene fuerte gracias a la solidez de la economía nacional no se sostiene cuando se analiza con rigor. Más que una descripción objetiva del entorno macroeconómico se trata de una narrativa política diseñada para proyectar certidumbre, control y resultados en un contexto internacional crecientemente adverso.
Ernesto Madrid
El desempeño reciente del peso está estrechamente vinculado a la debilidad del dólar estadounidense, provocada por los recortes a la tasa de interés de la Reserva Federal (Fed). La apreciación de la moneda mexicana coincide con este fenómeno global y no con una mejora estructural de los fundamentales económicos del país. De hecho, las previsiones de la propia Fed anticipan nuevas reducciones hacia 2026, lo que podría prolongar la presión a la baja sobre el dólar y, de manera indirecta, sostener al peso sin que ello refleje mayor fortaleza interna.
A este escenario se suma el papel central del Banco de México. Con una tasa de referencia aún elevada, cercana al 7 por ciento, México mantiene un diferencial atractivo frente a Estados Unidos, lo que incentiva la entrada de capitales de corto plazo en busca de mayores rendimientos. Este flujo ha sido clave para la estabilidad cambiaria, pero también es volátil. El mercado ya descuenta nuevos recortes y observa con atención el mensaje del banco central. Si Banxico comienza a relajar su política monetaria con mayor rapidez que la Fed, el soporte actual del peso podría debilitarse de forma significativa.
En paralelo, el gobierno federal ha defendido la imposición de aranceles a productos asiáticos bajo el argumento de proteger alrededor de 350 mil empleos y generar un impacto inflacionario marginal de alrededor del 8 por ciento. No obstante, estas medidas parecen responder más a un cálculo político que a una estrategia industrial integral. En el contexto de la próxima revisión del T-MEC, los aranceles funcionan como un mensaje dirigido a Estados Unidos, reforzando la narrativa de cooperación y alineamiento estratégico más que una transformación profunda del modelo productivo.
El caso de China ayuda a dimensionar esta estrategia. México importa más de 130 mil millones de dólares anuales en productos chinos y exporta apenas una fracción de esa cifra. Para Pekín, México representa un mercado marginal, mientras enfrenta una desaceleración estructural marcada por un consumo débil, caída de la inversión y un sector inmobiliario en crisis. La inconformidad china frente a los aranceles mexicanos debe leerse en ese contexto y no como una amenaza real para la economía nacional.
El riesgo de fondo es convertir variables económicas en símbolos políticos. América Latina ha demostrado que los péndulos ideológicos erosionan la continuidad de las políticas públicas y debilitan la confianza. Países como Chile lograron preservar consensos macroeconómicos más allá de los cambios de gobierno. México, en contraste, mantiene esos equilibrios con mayor fragilidad y con un discurso político que sigue viendo la apertura comercial como una concesión incómoda, aun cuando depende de ella.
La estabilidad del peso, por tanto, no es una prueba de éxito económico, sino un equilibrio delicado sostenido por factores externos, decisiones monetarias restrictivas y expectativas financieras de corto plazo. Celebrarla sin matices es confundir análisis con propaganda.
La presidenta tiene razón en una cosa: el peso no se ha desplomado. Pero atribuir esa estabilidad a la fortaleza económica del país es, en el mejor de los casos, una simplificación; en el peor, una falacia diseñada para sostener una narrativa de resultados.
México no necesita discursos triunfalistas, sino diagnósticos honestos. Menos política sexenal y más acuerdos de largo plazo. Menos símbolos ideológicos y más políticas públicas que sobrevivan al péndulo político. Porque cuando la narrativa se impone a la realidad, la factura suele llegar tarde o temprano. Y casi siempre, en dólares.
@JErnestoMadrid
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La judicialización del caso de María Amparo Casar, impulsada por la Fiscalía General de la República (FGR) por el presunto delito de uso ilícito de atribuciones y facultades, exhibe una estrategia que rebasa el terreno estrictamente jurídico y se instala en el ámbito político-comunicacional. A partir de información pública y sin acceso a la carpeta de investigación, especialistas advierten que la imputación presenta imprecisiones normativas, una teoría del caso probatoriamente débil y una utilización del proceso penal como mecanismo de desgaste contra opositores críticos del régimen.
Ernesto Madrid
El punto de partida del expediente es la muerte de Carlos Fernando Márquez Padilla, ocurrida el 7 de octubre de 2004 en el edificio sede de Petróleos Mexicanos (Pemex). Desde entonces, la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal —encabezada entonces por Bernardo Bátiz— integró la averiguación previa como muerte violenta no homicida, con dictámenes periciales concluyentes de suicidio, sin que el expediente fuera reclasificado posteriormente.
Dos décadas después, Bátiz ha reconocido no recordar una supuesta reunión con la viuda y un intelectual cercano al PAN, aunque tampoco la descarta. Esa ambigüedad —“no lo recuerdo, pero pudo haber ocurrido”— no constituye una contradicción formal, pero sí un vacío narrativo que hoy es explotado políticamente para apuntalar una acusación penal.
Un elemento central que la acusación tiende a diluir es que el expediente penal no fue el documento que activó el pago de la pensión. Mientras la procuraduría investigó una muerte, Pemex tramitó una prestación laboral conforme a su normativa interna.
Márquez Padilla se desempeñó como Coordinador Ejecutivo adscrito a la Dirección Corporativa de Administración de Pemex entre el 1 de junio y el 7 de octubre de 2004. Por la naturaleza del cargo, todo indica que se trataba de personal de confianza, sujeto al Reglamento de Trabajo del Personal de Confianza de Pemex, no al contrato colectivo sindical.
La revisión de la normatividad pública aplicable en 2004 —y vigente hasta hoy— arroja conclusiones incómodas para la imputación:
En términos jurídicos estrictos, la clasificación del fallecimiento como suicidio o accidente no resulta determinante para la procedencia de la pensión, salvo que se acreditara una simulación deliberada.
El delito de uso ilícito de atribuciones y facultades (artículo 217 del Código Penal Federal) no sanciona decisiones controvertidas ni juicios morales, sino actos objetivamente indebidos, contrarios a una norma vigente, que generen un beneficio económico indebido y se ejecuten con dolo.
Aquí surge el principal problema de la imputación: si no hay una norma que prohíba la pensión en caso de suicidio, el acto no es ilícito per se.
La única vía para sostener el tipo penal —según el análisis de especialistas— es una construcción alternativa: no sancionar el pago de la pensión, sino el supuesto disfraz deliberado del suicidio como accidente para eludir controles administrativos.
En esa lógica, la ilicitud no estaría en la causa de la muerte, sino en la simulación; y la reunión mencionada por Bátiz sería relevante sólo si probara gestión activa, conocimiento del problema jurídico y dolo.
El problema es probatorio. Para que esa teoría sobreviva, la FGR tendría que demostrar, sin fisuras:
La falla de cualquiera de estos elementos desintegra el tipo penal.
Más allá del expediente, el caso cobra sentido desde una lógica política. Los incentivos son claros: el beneficio jurídico de una eventual condena es incierto, pero el beneficio político de judicializar es inmediato. El costo de perder el caso es manejable; el desgaste reputacional de una figura crítica del gobierno —y dirigente de una organización incómoda para el poder— es tangible desde el primer anuncio.
En este contexto, el proceso penal opera como mensaje. No necesariamente como ruta hacia una sentencia firme, sino como instrumento de exposición pública, disciplinamiento simbólico y advertencia a opositores. La judicialización se convierte así en narrativa, y la narrativa, en sustituto de la prueba.
El caso María Amparo Casar no sólo pone a prueba la solidez de una acusación específica. Expone, sobre todo, una forma de ejercer el poder punitivo en la que las imprecisiones jurídicas y las lagunas probatorias quedan subordinadas a una estrategia política que diluye los hechos en el ruido de la acusación.
@JErnestoMadrid
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El mercado laboral mexicano sigue creciendo, pero lo hace cada vez con menos fuerza. Aunque el gobierno federal presume cifras récord de empleo formal, los datos más recientes del IMSS y el análisis de organismos empresariales y económicos advierten una desaceleración preocupante.
Ernesto Madrid
En este contexto, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, lanzó una advertencia central: sin aranceles de protección frente a productos asiáticos, particularmente de China, México podría perder hasta 350 mil empleos en 2026, principalmente en estados del norte y centro del país.
El pasado 30 de noviembre, la presidenta Claudia Sheinbaum celebró que el país alcanzó 22 millones 837 mil 768 empleos formales afiliados al IMSS, la cifra más alta desde que se tiene registro. Sin embargo, el propio instituto reportó que en noviembre solo se crearon 48 mil 595 plazas, el peor desempeño para ese mes desde 2020. El contraste con años previos es contundente: en noviembre de 2022 se generaron 132 mil empleos y en 2023, 101 mil.
En los últimos doce meses, el empleo formal creció apenas 0.9%, equivalente a 194 mil plazas, el avance anual más débil desde 2021. Durante la recuperación pospandemia, las tasas se ubicaban entre 3% y 6%. Aunque los empleos permanentes alcanzan un récord de 19.8 millones, su ritmo de crecimiento se ha moderado, mientras que los eventuales —un indicador sensible del ciclo económico— aportan cada vez menos.
La creación acumulada en lo que va del año suma 599 mil 389 empleos, una cifra que palidece frente a los más de 800 mil registrados, a noviembre, en 2021, 2022 y 2023. Además, la estacionalidad juega en contra: entre diciembre y enero suelen perderse entre 280 mil y 380 mil puestos por la terminación de contratos. Con el enfriamiento actual, el ajuste podría alcanzar hasta 410 mil plazas, lo que llevaría a cerrar el año con una creación neta cercana a apenas 200 mil empleos.
El deterioro no se limita al ámbito formal. De acuerdo con la ENOE del INEGI, en octubre la población ocupada total fue 0.1% menor que un año antes, mientras que la informalidad alcanzó 55.7% de la ocupación, una de las proporciones más altas registradas. Dos señales que refuerzan la idea de un mercado laboral que avanza con dificultad.
A esto se suma la alerta de la Coparmex, que advirtió que 31 entidades del país contemplan aumentos o nuevos impuestos estatales, en particular al Impuesto Sobre Nómina. Su presidente, Juan José Sierra Álvarez, señaló que elevar este gravamen por encima de 3% debilita la competitividad regional, frena la contratación formal y puede provocar que inversiones se trasladen a otros estados o incluso fuera del país, justo cuando México compite por capital en el marco del T-MEC y el nearshoring.
México ¿Cómo Vamos? añadió que el rumbo económico dependerá de la política arancelaria, el desempeño del Plan México y la evolución de la inversión privada, que ya muestra una caída anual de 4.3%.
En ese contexto, Ebrard sostuvo que los aranceles no son una medida contra un país en específico, sino una decisión “sensata” para garantizar un piso parejo y proteger a industrias como la automotriz, textil, calzado y acero.
El riesgo, advierten los analistas, no es un desplome inmediato del empleo, sino un estancamiento prolongado: un mercado laboral que no cae, pero tampoco genera los puestos necesarios para sostener el crecimiento económico.
@JErnestoMadrid
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