- El aumento de la inflación subyacente, un crecimiento económico moderado y la apreciación del peso reflejan más las dinámicas globales y financieras que los efectos directos de la política económica del nuevo gobierno.
La inflación en México mostró un repunte al inicio de 2026, interrumpiendo la trayectoria descendente observada a finales del año pasado. En la primera quincena de enero, el Índice Nacional de Precios al Consumidor registró un aumento quincenal de 0.31%, con lo que la inflación anual se ubicó en 3.77%, desde 3.66% en la quincena previa. Aunque el dato general se ubicó por debajo de las expectativas del mercado, el comportamiento interno revela presiones persistentes.
Ernesto Madrid
El principal foco de atención fue la inflación subyacente —que excluye bienes y servicios de alta volatilidad— al registrar un incremento quincenal de 0.43% y una tasa anual de 4.47%. Este avance respondió, sobre todo, al aumento en los precios de mercancías alimenticias, influido por ajustes al IEPS, así como a mayores costos en vivienda y servicios. Estos factores explican por qué la inflación volvió a acelerarse, más allá de los discursos políticos o del relevo presidencial.
A pesar de este entorno, la actividad económica mostró señales de resiliencia al cierre de 2025. El Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) anticipa crecimientos mensuales en noviembre y diciembre, apoyados tanto por la producción industrial como por el sector servicios. De confirmarse estos datos, el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) habría registrado un crecimiento anual cercano a 0.5% en 2025, lo que implicaría un avance del PIB de entre 0.5% y 0.6%. No obstante, el desempeño sigue siendo modesto y refleja un crecimiento contenido, marcado por adversidades internas y externas.
En el frente cambiario, el peso mexicano volvió a captar reflectores al registrar una apreciación real por tercer mes consecutivo. En noviembre, el tipo de cambio real se ubicó por encima de su promedio de largo plazo, lo que indica un fortalecimiento de la moneda, pero también una pérdida relativa de competitividad para las exportaciones mexicanas. Este fenómeno, lejos de ser atribuible a una política económica específica del nuevo gobierno, responde principalmente a factores financieros globales.
Entre ellos destacan el debilitamiento estructural del dólar, el mayor apetito por riesgo hacia economías emergentes y, especialmente, el amplio diferencial de tasas de interés entre México y Estados Unidos. La expectativa de que las tasas en México se mantengan elevadas —alrededor de 7%— ha incentivado la entrada de capitales financieros en busca de mayores rendimientos, fortaleciendo al peso de manera coyuntural.
Analistas advierten que esta apreciación podría revertirse gradualmente. La previsión de que la inflación en México supere a la de sus principales socios comerciales, junto con un eventual ajuste nominal del tipo de cambio, sugiere que el fortalecimiento del peso no es necesariamente sostenible en el mediano plazo.
En conjunto, el panorama económico muestra contrastes claros: una inflación que vuelve a presionar por factores estructurales y fiscales; un crecimiento económico moderado, con riesgos latentes; y un tipo de cambio fuerte, impulsado más por dinámicas globales y financieras que por decisiones de política económica interna. Un contexto que plantea desafíos relevantes para la conducción económica del país de cara al segundo año del nuevo sexenio.
@JErnestoMadrid
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