- Con cerca de 721 casos de feminicidio registrados en 2025 y una tendencia de casi dos asesinatos de mujeres al día, el Día Internacional de la Mujer llega en México entre marchas, duelo y exigencias. Las cifras oficiales y los casos recientes evidencian que la protesta sigue siendo necesaria, pero insuficiente frente a la violencia y los derechos perdidos.
Cada Día Internacional de la Mujer, miles de mujeres salen a las calles de México para exigir igualdad, seguridad y justicia. Pero en 2026 la consigna adquiere un tono más áspero: marchar ya no basta cuando el país sigue registrando asesinatos de mujeres a un ritmo que convierte al feminicidio en una de las crisis más persistentes de derechos humanos.
Las cifras más recientes del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública confirman el tamaño del problema. Durante 2025 se registraron alrededor de 721 feminicidios, lo que equivale a entre 1.8 y 2 víctimas cada día en promedio.
Ernesto Madrid
El mapa de la violencia feminicida se concentra en algunas entidades donde el fenómeno se ha vuelto estructural.
De acuerdo con registros oficiales y reportes de organizaciones civiles, cinco estados concentran buena parte de los casos:
- Estado de México: Encabeza la lista nacional por número absoluto de casos. Entre enero y agosto de 2025 se reportaron al menos 40 feminicidios.
- Chihuahua: Con Ciudad Juárez como uno de los municipios históricamente más peligrosos para las mujeres.
- Ciudad de México: Mantiene cifras elevadas de delitos tipificados con perspectiva de género.
- Morelos: Presenta una de las tasas más altas por cada 100 mil mujeres, con 1.79 casos a mediados de 2025.
- Sinaloa: Cerró 2025 y comenzó 2026 con una fuerte concentración de casos.
En conjunto, estas entidades concentran cerca de un tercio de los feminicidios del país, lo que revela la persistencia de focos rojos territoriales donde la violencia contra las mujeres se reproduce con patrones de impunidad.
La violencia también ha alcanzado espacios que deberían ser seguros, como las universidades. En la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), la comunidad estudiantil enfrenta uno de sus momentos más críticos.
En menos de un año, tres estudiantes fueron víctimas de feminicidio: Aylin Rodríguez Fernández, Kimberly Joselin Ramos Beltrán y Karol Toledo Gómez.
El caso de Aylin, estudiante de Psicología, conmocionó a la comunidad universitaria tras ser reportada como desaparecida el 3 de abril de 2025 y localizada sin vida horas después en Jiutepec, Morelos.
Meses después, el 20 de febrero de 2026, Kimberly Ramos Beltrán, estudiante de Contaduría de 18 años, desapareció en Cuernavaca tras avisar a su familia que había llegado a la universidad. La movilización estudiantil creció cuando su búsqueda evidenció retrasos y fallas institucionales.
Apenas unos días después, la desaparición de Karol Toledo Gómez, estudiante de Derecho en la sede regional de Mazatepec, volvió a encender las alarmas.
Los casos detonaron marchas y protestas estudiantiles que apuntan a la falta de políticas efectivas de prevención y a la persistente impunidad en la investigación de delitos de género.
Las cifras más recientes del Secretariado Ejecutivo indican que solo en enero de 2026 se registraron 54 víctimas de feminicidio en México. Cuatro entidades —Sinaloa, Ciudad de México, Estado de México y Tamaulipas— concentraron 38.9% de los casos.
Sin embargo, especialistas advierten que los números podrían ser mayores. No todos los asesinatos de mujeres se investigan como feminicidio; muchos se clasifican como homicidios dolosos, lo que reduce la visibilidad estadística del problema.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, entidades como Estado de México, Ciudad de México y Querétaro registran además altos índices de violencia de género contra mujeres mayores de 15 años, lo que revela que el feminicidio es la expresión más extrema de un fenómeno mucho más amplio.
El otro rostro del 8M
Mientras la violencia continúa, otra dimensión de la desigualdad permanece invisibilizada: el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.
Según datos de ONU Mujeres y la Organización Internacional del Trabajo, en América Latina las mujeres dedican hasta tres veces más tiempo que los hombres a estas tareas.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe estima que, si este trabajo se contabilizara dentro del Producto Interno Bruto, podría representar entre el 15% y el 25% del PIB en varios países de la región.
Es decir, las mujeres sostienen buena parte de la economía sin reconocimiento ni remuneración.
A las puertas del 8 de marzo, el país se prepara para nuevas movilizaciones. Las calles volverán a llenarse de consignas, nombres de víctimas y demandas de justicia.
Pero el mensaje que emerge de las cifras y de los casos recientes es más profundo: las marchas visibilizan la crisis, pero no la resuelven por sí solas.
Mientras el feminicidio siga registrando casi dos víctimas al día, mientras estudiantes desaparezcan camino a sus universidades y mientras millones de mujeres sostengan la economía desde la invisibilidad del cuidado, el 8M seguirá siendo menos una celebración y más un recordatorio incómodo de que la igualdad en México sigue pendiente.
@JErnestoMadrid
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