- La economía avanza 0.8% en 2025, pero el per cápita sigue en niveles de 2017
La economía mexicana evitó la recesión en 2025, pero no logró despegar. El Producto Interno Bruto (PIB) creció 0.8% respecto a 2024, ligeramente por encima de la estimación oportuna de 0.7% publicada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) a finales de enero de 2026. El dato confirma una expansión modesta y mantiene el “semáforo económico” en color naranja: hay crecimiento, sí, pero insuficiente para hablar de recuperación sólida.
Ernesto Madrid
El último trimestre del año mostró una señal más alentadora. En el cuarto trimestre de 2025 el PIB avanzó 0.9% trimestral (cifras desestacionalizadas), por arriba del 0.8% estimado inicialmente y el mayor incremento desde el tercer trimestre de 2024. Diciembre cerró con un crecimiento mensual del IGAE de 0.4%, impulsado principalmente por el repunte del sector primario y un modesto avance de los servicios y la industria.
Con cifras originales, la economía acumuló un crecimiento de 0.6% en 2025; con cifras desestacionalizadas, 0.8%. Es una desaceleración respecto al 1.4% observado en 2024 y confirma que México encadena tres años con expansión por debajo de su promedio histórico de 2000 a 2018 (1.9%).
El desglose sectorial revela contrastes:
- Actividades primarias: +4.0% anual, aunque con caída trimestral de -1.4%.
- Actividades terciarias (servicios): +1.5% anual.
- Actividades secundarias (industria): -1.1% anual.
Es decir, la debilidad se concentró en la industria, particularmente en manufacturas y comercio al por mayor, dos motores clave para un país profundamente integrado a las cadenas productivas de Norteamérica.
Aunque 15 de 20 sectores registraron crecimiento anual —destacando servicios de esparcimiento (21.4%) y apoyo a los negocios (8.9%)—, los sectores de mayor peso en el PIB mostraron un desempeño desigual. De los seis que concentran casi 63% de la economía, solo cuatro crecieron. Manufacturas y comercio mayorista retrocedieron.
Más allá del crecimiento agregado, la pregunta clave es si los mexicanos están mejorando su ingreso promedio. Y ahí la respuesta es menos optimista.
El PIB per cápita permanece en niveles similares a los de 2017. En otras palabras, después de ocho años —incluyendo la pandemia y la posterior recuperación— el ingreso promedio por habitante no ha logrado superar su máximo previo.
Para que el bienestar avance de forma sostenida, la economía debe crecer por encima del ritmo de crecimiento demográfico. Un avance de 0.8% apenas compensa el aumento poblacional. No genera una mejora estructural en los ingresos ni en la productividad.
De hecho, la productividad laboral al tercer trimestre de 2025 se mantiene en niveles comparables a los de 2009. Es un dato estructuralmente preocupante: sin productividad, no hay salarios reales sostenibles ni competitividad internacional duradera.
El diagnóstico es claro: México necesita condiciones básicas para atraer inversión y elevar su capacidad productiva.
En el ámbito interno, la seguridad pública se ha convertido en un factor económico. Sin certidumbre jurídica ni reducción de la violencia, la inversión privada —nacional y extranjera— opera con cautela. A ello se suma la necesidad de traducir el llamado Plan México en proyectos concretos de inversión mixta público-privada, particularmente en generación eléctrica. La disponibilidad y confiabilidad de energía es hoy un cuello de botella para el crecimiento industrial.
Además, urge una política nacional de investigación y desarrollo articulada con el sector privado que eleve el contenido tecnológico de la producción y rompa la inercia de baja productividad.
En el frente externo, la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) será determinante. Una negociación exitosa puede fortalecer la integración regional; una revisión conflictiva podría frenar inversiones vinculadas al nearshoring.
De acuerdo con el Banco Mundial, México ocupa la posición 13 entre las mayores economías del mundo. La aspiración oficial de colocarse entre las diez primeras requiere un crecimiento sostenido superior al de competidores directos.
Las proyecciones para 2026 anticipan una recuperación moderada de 1.6%, mientras que economías como Brasil —ubicada en la posición 10— crecerían alrededor de 2.0%. La brecha no se cierra con expansiones marginales.
La expectativa es que la economía mantenga la tendencia de recuperación iniciada en el cuarto trimestre de 2025, pero a un ritmo contenido. El problema no es coyuntural, es estructural: bajo crecimiento potencial, productividad estancada, inversión insuficiente y un entorno internacional volátil.
México crece, pero no lo suficiente. El 0.8% de 2025 evita el rojo, pero no ilumina el verde. El desafío no es celebrar décimas adicionales frente a la estimación oportuna, sino construir las condiciones para que el crecimiento supere de manera sostenida el 2% anual y, sobre todo, se traduzca en un aumento real del ingreso por habitante.
Porque en economía, como en política, sobrevivir no es lo mismo que prosperar.
@JErnestoMadrid
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.