- La desaceleración económica, un peso fuerte y los riesgos internacionales llevaron al banco central a recortar el costo del dinero, pese a que los precios aún presionan el bolsillo de los mexicanos.
En apariencia, la decisión parece contradictoria: si la inflación sigue elevada, ¿por qué el Banco de México decidió bajar la tasa de interés?
La respuesta está en una combinación de factores que van más allá de los precios. El banco central redujo su tasa de referencia a 6.75%, en una votación dividida dentro de su Junta de Gobierno, con el argumento de que la economía mexicana muestra señales de debilidad y de que el peso fuerte ha ayudado a contener parte de las presiones inflacionarias.
Ernesto Madrid
Para entenderlo en términos simples: la tasa de interés es el principal instrumento que utiliza el banco central para controlar la inflación. Cuando sube las tasas, el crédito se encarece, la gente y las empresas gastan menos y eso ayuda a frenar el aumento de precios. Cuando las baja, ocurre lo contrario: el dinero se vuelve más barato y la economía puede moverse con mayor facilidad.
El problema es que hoy México enfrenta dos fenómenos al mismo tiempo: inflación persistente y una economía que pierde dinamismo.
Uno de los elementos que influyó en la decisión fue el comportamiento del tipo de cambio. En los últimos meses el peso mexicano se ha mantenido relativamente apreciado frente al dólar, lo que ayuda a abaratar importaciones como combustibles, maquinaria o alimentos procesados.
Cuando el peso se fortalece, el impacto inflacionario de los productos importados disminuye. Eso le da al banco central cierto margen para relajar la política monetaria.
En su comunicado, el Banco de México explicó que tomó en cuenta tres factores principales: el nivel actual del tipo de cambio, la debilidad de la actividad económica y el grado de restricción monetaria que ya se había aplicado en los últimos años. En otras palabras, después de un largo periodo de tasas altas, el banco central considera que parte del trabajo para controlar la inflación ya está hecho.
El otro factor clave es el enfriamiento de la economía. Diversos indicadores muestran menor crecimiento en inversión, consumo y producción industrial. En ese contexto, mantener tasas demasiado altas puede terminar frenando aún más la actividad económica.
Para el economista Felipe Hernández, citado por Bloomberg, la desaceleración económica podría presionar a la autoridad monetaria a continuar con los recortes, aunque advierte que hacerlo demasiado rápido también implica riesgos si la inflación vuelve a acelerarse.
La decisión no fue unánime. Dentro de la Junta de Gobierno hubo diferencias sobre el momento adecuado para reducir las tasas. Los subgobernadores Jonathan Heath y Galia Borja votaron por mantener la tasa en 7%, al considerar que las presiones inflacionarias aún no están completamente bajo control. Finalmente, la mayoría optó por iniciar nuevamente el ciclo de recortes.
El entorno internacional también influyó en la decisión. La tensión geopolítica derivada de la guerra entre Estados Unidos e Irán ha provocado volatilidad en los mercados energéticos. El cierre del Estrecho de Ormuz —por donde circula cerca del 20% del comercio mundial de petróleo— elevó los precios del crudo, lo que podría trasladarse eventualmente a la inflación global.
Ante ese panorama, el banco central optó por un movimiento moderado que busca equilibrar dos riesgos: una inflación que aún no desaparece y una economía que empieza a perder velocidad.
El propio Banco de México dejó abierta la puerta a nuevos recortes si las condiciones lo permiten. Sin embargo, el ritmo dependerá de tres variables clave: la evolución de la inflación, el comportamiento del peso frente al dólar y la situación económica internacional. Si la economía continúa desacelerándose y el peso se mantiene fuerte, es probable que las tasas sigan bajando gradualmente.
Pero si la inflación vuelve a repuntar —especialmente por factores externos como energía o alimentos— el banco central podría frenar o incluso revertir el ciclo de recortes.
En otras palabras, la decisión de bajar las tasas no significa que la batalla contra la inflación esté ganada. Más bien refleja el delicado equilibrio que hoy enfrenta la política monetaria: estimular una economía que se enfría sin dejar que los precios vuelvan a descontrolarse.
@JErnestoMadrid
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